miércoles, 27 de agosto de 2014

DE PONCEBOS A CAIN, LA RUTA DEL CARES

       
Si piensas viajar a Asturias cualquiera de tus amigos te hablará de hacer excursiones a pié por un paisaje maravilloso e impresionante. Pero si eres “urbanita”, no estarás acostumbrado al “senderismo” y una caminata siempre da un poco de respeto.
Para todos los que no tienen costumbre de andar demasiado, en Asturias, se aconseja esta ruta muy sencillita de hacer, no tiene ninguna dificultad salvo la de salvar los primeros dos mil metros, por la pronunciada pendiente.

En total la ruta supone unos doce kilómetros, que se hacen fácilmente en tres horas, hay que tener en cuenta que, si bien hay unos paisajes preciosos, la altura es también considerable y no hay protección para las mismas, es decir, los que padezcan de vértigo pasarán algún momento complicado.

En esta ruta es imprescindible tener en cuenta que, en el camino, hay que parar para beber y para recuperar fuerzas, pues como he dicho, en algunos puntos del sendero, el esfuerzo que hay que hacer es notable. Antes de llegar a Poncebos, en Arenas de Cabrales, hicimos acopio de agua, viandas y chocolate para poder ingerir alimentos en el camino y que el día fuera más llevadero.

Llegamos a Poncebos en nuestro coche y buscamos un aparcamiento cercano al inicio de la ruta, ojo que hay "tortas" por un hueco para dejar el coche.

Iniciada la ruta y saliendo de Poncebos, aconsejo que los primeros dos mil metros se realicen con serenidad, pues hay una pendiente muy pronunciada, como ya he dicho, he visto en esa parte de la caminata a personas que decidían volverse y no continuar, cuando apenas llevaban treinta y cinco minutos del trayecto.

En el camino hay rincones marcados, que nos van a permitir disfrutar de un paisaje maravilloso, unos cortados a lo largo de la corriente del río, unos recovecos en el camino, cuevas y agua que brota de la propia montaña.

Aunque la dificultad del recorrido es baja, el peligro es alto, que no es lo mismo que la dificultad, está considerada una ruta peligrosa por la falta de protecciones en el sendero, por el riesgo de desprendimientos y por la altura de los cortados por los que se pasa.

En definitiva es una ruta totalmente aconsejable con las precauciones lógicas.

Es imprescindible saber dinamizar el “efecto cebolla”, es decir, podernos quitar ropa por capas, dependiendo de la época en que viajemos, porque el calor y el esfuerzo contribuyen a que sudemos. En mi caso, como viajé en verano, me limité a llevarme un “chubasquero” que me vino muy bien para evitar las corrientes de aire en determinadas zonas del recorrido. No te olvides de un calzado apropiado para caminar en el campo y la montaña, yo he descubierto unas zapatillas especializadas para este fin, mucho más cómodas que las botas de montaña que he usado en otros casos, perfectas para andar en este tipo de suelos, con la rigidez justa, impermeables, ligeras y económicas, fácilmente localizables en establecimientos especializados en deporte. Una buena mochila es imprescindible siempre, en ella te aconsejo que metas lo que compres para comer y beber. Si eres un poco precavido, un pequeño botiquín siempre viene bien. La mochila te valdrá también para ir dejando o tomando, cuando sea necesario, la ropa que quieras quitarte o ponerte.

En todo el trayecto encontrarás animales, algunos salvajes como las cabras montesas, esos animales parecen pacíficos pero mejor no jugar con ellos en el camino: Provocarlos puede suponer un problema si deciden empujarnos al precipicio.

Al cumplir los doce kilómetros de recorrido llegas a Caín.
Que los habitantes de esta localidad me perdonen, pero Caín me pareció más un “asentamiento” que un pueblo. En nuestro caso, cuando llegamos nos enteramos que había un microbús que saldría sobre las 16.30 h. con destino a nuestro origen, Poncebos. Hay que estar atentos porque, en el mejor de los casos, ponen dos microbuses para volver, unas cincuenta plazas, algo escaso viendo la cantidad de personas que se mueven en esta ruta.

La vuelta en microbús resultó tan larga como la caminata a pie, tiene su sentido, porque no hay carretera que cruce esa zona de Los Picos. El viaje en autobús lo calificaría como “no apto” para aquellos que se marean en las curvas, de las que hablaríamos de centenares en el trayecto.


Una visita aconsejable, una ruta de senderismo perfecta para tener contacto directo con la naturaleza.

domingo, 17 de agosto de 2014

LOS LAGOS DE COVADONGA Y COVADONGA


Aunque por importancia, debería ser citada COVADONGA antes que los Lagos de sus montañas, he sido un atrevido y he decidido nombrarlos a estos antes, quizá porque si no subes a los lagos, poco puedes entender de la historia de los que en aquella parte de España encontraron refugio y decidieron organizarse y hacerse fuertes para combatir a los “invasores”, dicho de otro modo, los musulmanes, que habían venido a quedarse, allá por el año 700 d.c.


La belleza de las montañas y de sus lagos es indescriptible, hay necesariamente que ir a verlos para concebir que, a más de mil metros de altura se encuentre este paraje que bien puede recordarnos a paisajes suizos.

Después de estudiar las muchas posibilidades, aconsejo el orden que nosotros establecimos para ese día de visita a Covadonga y sus Lagos. Primero fuimos a Cangas de Onis, a su estación de autobuses, junto a ella hay un enorme aparcamiento que por sólo dos euros el día, puedes estacionar tu vehículo. 

En la estación de autobuses puedes coger el autobús que te lleva directamente a los Lagos de Covadonga.

Previo a este paso te aconsejo que compres agua, pan y las viandas que consideres que te comerías un día de campo (jamón, queso, embutidos, etc.), incluida fruta y chocolate,  disfrutarás mucho más de tu estancia en los lagos, sobre todo te acordarás de este consejo a la hora de almorzar, comer o merendar.

De la subida a los lagos te puede gustar todo, si el día está despejado de niebla, hay muchos días que la niebla hace impracticable hasta la subida. Tuve la suerte de que me salió un día muy claro, a pesar de estar algo nublado, lo que nos permitió gozar de las impresionantes vistas que la carretera te va permitiendo. Es un viaje para soñar con las alturas, sin duda.

Me llamó la atención el sistema de comunicación entre autobuses, a través de emisoras de radio, que les permite conocer en qué punto está cada uno, ya que esta coordinación es imprescindible para que ambos puedan pasar hacia arriba y hacia abajo, por una carretera que en el noventa por ciento de su recorrido, sólo permite pasar un vehículo. Así que los conductores se veían obligados a comunicarse su posición para esperar al vehículo que bajaba o, al contrario, subir mientras otro esperaba.


A los Lagos de Covadonga no está permitido subir en coche a los particulares, hay sólo una hora, muy temprana, creo que es a las siete de la mañana, hasta las ocho, en la que éstos pueden hacerlo, y sólo vehículos autorizados, después queda el tráfico cerrado. Mi consejo es que se use siempre el transporte público, permite gozar de las vistas.


Una vez arriba, el camino de lago a lago está perfectamente detallado en mapas y el camino está muy bien señalizado. Para la atención a los visitantes hay dos bares restaurantes, pero siempre los encontrarás con bastantes usuarios esperando. Nuestra opción fue buenísima, porque pedimos dos vinos y en las mesas que hay fuera para los visitantes, nos sentamos a disfrutar de un excelente almuerzo que nos habíamos llevado, como buenos previsores que somos, otros tenían por delante entre cuarenta y sesenta minutos de espera, si querían comer, también tenían la posibilidad de pedir un bocadillo, viandas nada comparables en precio y calidad a las que tú puedes adquirir antes de subir.

Hay una ruta que encontrarás que comunica la zona de los Lagos con un refugio de montañeros, es excelente el recorrido, de muy fácil acceso, pero hay que estar preparado porque el frío y la lluvia se presentan sin avisar y se pueden convertir en un incómodo compañero de viaje, fue nuestro problema, así que iniciado el camino y recorridos apenas tres kilómetros tuvimos que abandonar nuestro propósito y volver al objetivo principal que eran los lagos.

Durante esta visita te acompañarán en el camino las vacas, no dejas de encontrarte estos animales que son “uno más” con el paisaje. Aunque todo lo que ves es pasto, no te confíes y presta atención al camino, a las sendas y a los miradores, que las vacas no conocen lugar para hacer sus necesidades, así que cualquier parte es buena.

El mismo autobús que utilizas para subir es el que utilizas para bajar, lo aconsejable es parar en Covadonga, son visitas obligadas la Cueva de la Virgen y la Basílica, ambas tienen como principal intención la de honrar a la Virgen de Covadonga por su ayuda en la Reconquista.

Covadonga tiene ese aire turístico que a mí personalmente no me gusta y que no tolero demasiado, quizá por eso de que ya vivo en una zona eminentemente turística.

Así que, sin más preámbulos, terminado el recorrido en Covadonga, me dispuse a volver a mí vehículo que estaba en Cangas de Onis.

Sólo destacar que el mismo billete de autobús que compraste por la mañana, te vale para cualquier movimiento que quieras hacer entre Cangas de Onis, Covadonga y los Lagos de Covadonga, durante todo el día.


Nivel de satisfacción del viaje, terminado el día un DIEZ.

sábado, 26 de abril de 2014

El Descanso en Santo Domingo de Silos

Hace unos días he visitado Santo Domingo de Silos, un precioso pueblo de la provincia de Burgos. Si alguien me pidiera una definición sería la de “lugar tranquilo”.

En Santo Domingo se aprecia la belleza del silencio, la serenidad del lugar está acompañada, sin duda, por el  ambiente de recogimiento que hay en el Monasterio que es la piedra que preside el lugar.

El Monasterio Benedictino de Santo Domingo  impregna de un halo sobrenatural, todo lo que rodea Santo Domingo.  Esa es la sensación que me quedó apenas llegué al pueblo.

El olor a tierra húmeda, combinado con el que desprenden las chimeneas de los hogares, hace que el frío se convierta en algo imprescindible, complementario.
En plena primavera he sentido el frío de uno y dos grados, acompañado de un paisaje verde y húmedo, regado por el río Arlanza.

Comer en Santo Domingo de Silos es también un lujo, escogí para algunos momentos el restaurante del Hotel Tres Coronas, en la plaza del pueblo. Su lechazo es digno de dedicarle una comida. Sus vinos, los propios de la Ribera de Duelo, crianzas de nombre y añada y su personal de excelente formación en la atención al público y tuve ocasión de comprobarlo una de las noches, llegando bastante tarde a cenar y encontrando una hospitalidad propia de primera hora de la noche.

Para descansar escogí el Hotel Silos 2000, del que he de decir que es destacable su relación calidad precio, la limpieza de sus instalaciones, bastante modernas por cierto. Me engañó en la publicidad que, en internet, encontré del hotel la definición de su localización, porque, daba la impresión de encontrarse lejos del Monasterio y del pueblo, cuando realmente saliendo del hotel, lo primero que se encuentra uno es la muralla del propio Monasterio y las primeras casas del pueblo. El Hotel no dista cinco  minutos de la plaza central de Santo Domingo, andando.

En el restaurante del Hotel Silos 2000, donde también aprovechamos para comer algún día, son excepcionales las chuletillas de cabrito y el guiso de lechazo, de excelente elaboración. César, que así se llama el responsable del hotel restaurante, tiene soluciones para todo y en algún momento puede servirte la mejor cecina del lugar y una jamón que sin ser ibérico, tiene un excelente paso por bodega con un “curado” que imagino correspondía a las sierras y montañas de la zona. El vino que ofrece este restaurante suele ser un respetuoso jovenRibera del Arlanza, un vino que nos sorprendió, porque sus aromas son algo más suaves que los de Ribera del Duero.


Como resumen, esta es una visita obligada  a la tranquilidad.

domingo, 19 de enero de 2014

SANTIAGO DE COMPOSTELA, VISITA Y PEREGRINACIÓN OBLIGADAS

Entre los viajes que más he repetido en mi vida, está el de Santiago de Compostela, solo puedo empezar por decir que todo enamora en esta ciudad que te transporta en el tiempo, sus empedradas calles en la zona de la Catedral te mantienen lejos de este mundo de innovación y "desenfreno tecnológico".

Cualquiera que haya visitado Santiago encuentra motivos suficientes para volver, pero quien no ha estado todavía merece conocer algunas razones para visitarlo:

1. Si llegas a Santiago te encontrarás con un lugar de peregrinación cuyos orígenes se encuentran en el año 814, es decir, este año 2014 celebraríamos 1.200 años del origen de la Catedral de Santiago. 
2. La Ciudad Vieja de Santiago, que se encuentra entorno a la Catedral, es declarada Patrimonio de la Humanidad en 1985 y es tremendamente atractiva. Estar allí es vivir en un marco "atemporal".
3. Las delicias gastronómicas que encontrarás en el lugar te "engancharán", desde disfrutar de las mejores carnes gallegas, pulpo y pescados de excepcional calidad, hasta los mariscos: cigalas, centollos, bueyes de mar, etc. Todo ello regado con unos vinos excelentes, ribeiros, albariños y godellos u otros vinos de la Ribera del Sil, que sacados de ese contexto no tienen el mismo sabor ni generan, claro está, las mismas experiencias.
4. Llegar a un lugar de encuentro de tantas culturas capaces de convivir, entenderse y compartir, te hacen ver que la Paz Mundial es posible, lo que realmente no lo permite es la voluntad de algunas personas.
5. Si te apasiona la cultura, como a mí, encontrarás huecos en los que sentarte y disfrutar de lo que oyes o de lo que ves, simplemente sentado, sin necesidad de hacer más. Podrías estar mirando una de las torres de la Catedral horas, viendo detalles que son interminables. Podrías encontrar un lugar oculto, una perspectiva no conocida, un hueco que encierra, seguro, historias y secretos que jamás saldrán a la luz, podrías dejar volar allí tu mente.
6. Finalmente, para mí el más importante de los puntos, pero el más íntimo, por eso lo dejo para el final, allí están los restos de un Santo, Santiago Apostol. A él llevo encomendado desde mi juventud, siempre me ha ayudado y fielmente, intento ir a visitarlo cada vez que puedo, para agradecerle la ayuda que me presta a mí, a mi familia y a mis amigos, por los que siempre pido, con nombres y apellidos, tengo la suerte de dedicar cada vez más tiempo a esto, porque cada vez son más.

Santiago de Compostela es una ciudad para amarla, para amar en ella, para enamorarse de ella y en ella, son innumerables las ocasiones que allí he cruzado mi mirada, con la de unos ojos que me han acompañado toda mi vida.

Las fotos que acompaño son de lugares en los que me senté simplemente a mirar y a oir, porque hasta el silencio parece música allí.





domingo, 2 de septiembre de 2012

CÁDIZ CIUDAD CON DUENDE



En mi visita a Andalucía en estos días, he tenido la ocasión de ver la ciudad de Cádiz, algo curioso dado que yo nací en esa provincia y con cincuenta años era la primera vez que la visitaba, todo gracias a la perseverancia de esposa.

A la llegada lo primera que sorprende a los que no conocemos esta ilustre ciudad es que hay agua a los dos lados. Su entrada es directa a la ciudad moderna y, como escondida, detrás de la ciudad moderna, de calles asfaltadas y edificios grandes, aparece una maravillosa ciudad de Cádiz, con sus barrios de pescadores, como la Viña, su playa de La Caleta, su Pópulo, sus patios y sus calles “añejas”, todo huele a principios del XIX, a la época de “La Pepa”, un clamor popular se siente en las calles:

“Con las bombas que tiran los fanfarrones
Se hacen las gaditanas tirabuzones…”

La oficina de Turismo ofrece una información muy detallada de todo lo que podemos encontrar, desde las rutas que tienen que ver con la Constitución de 1812, hasta otros aspectos históricos de la ciudad.

Una plaza impresionante para ver, la que nos abre la vista a la Catedral de Cádiz, una visión llena de vida, en la que siempre hay cantantes espontáneos que llenan la plaza de sonido y duende.

Una playa para ver atardecer, la playa de “la Caleta”, sin duda, para los que somos “mediterráneos” un milagro como el que corresponde cada mañana a nuestros amaneceres.


Degustar unas exquisitas tapas en el barrio de la Viña no es difícil, Casa de La Manteca o El Nono son excelentes lugares para disfrutar de pescado y vinos de la zona,  probar platos nuevos como "las ortiguillas" que son unas algas cocinadas como albondiguillas. Estoy seguro que en el paseo por este barrio habrá un momento en que podrá sorprenderle una chirigota, yo tuve la suerte de encontrarme a “Los Molinas” cuatro gaditanos con todo el arte del mundo reunidos en un local que no tenía más de 40 metros cuadrados dando un espectáculo a cualquiera que quisiera oírlos.

El mar, que baña Cádiz, nos evoca sueños de marinero, vueltas al reencuentro con la ciudad y amores apasionados que se escapan como el tiempo porque el barco no espera y nuevamente hay que reencontrarse con la mar, una amante siempre insatisfecha, para la que el tiempo siempre es escaso y ni siquiera la entrega de la vida le satisface, la mar…




martes, 1 de mayo de 2012

UN VIAJE A EZCARAY POR CASUALIDAD


Casi por casualidad saqué unos días para descansar en tierras de Burgos y, casi por casualidad, me vi en Ezcaray que es tierra de La Rioja, pero que desde el lugar donde contraté el hospedaje, me resultaba ciertamente cercana.

Coincidió mi llegada al lugar el Domingo de Resurrección y pude disfrutar de una de las costumbres típicas, las aleluyas que, además, se realizan desde el balcón de la Iglesia de Santa María La Mayor y que consiste en lanzar al pueblo, entre otras cosas, monedas y billetes, lo que supone una algarabía generalizada y el consiguiente barullo hasta conseguir la moneda o el billete correspondiente.

Ezcaray es de esos pueblos que presenta en su parte antigua, que sigue siendo el centro de la población, un pequeño laberinto de calles que los días festivos, todavía con más razón, se convierte en hervidero de visitantes y se hace más laberinto.

En nuestra vivencia gastronómica no pudimos ir más allá de vinos y pinchos, aunque nos consta que los lugareños, después de una buena “peregrinación” por los sitios más conocidos, pasan a sentarse en los salones de los restaurantes ya para comer en serio, algo impensable para los visitantes, de estómagos algo menos desarrollados. Los pinchos de lo más creativos, porque son muchas y ocurrentes la distintas combinaciones que uno se encuentra, hicimos un esfuerzo por probar muchas, triunfaron aquellas que combinaban carnes y verduras, pudimos haber arriesgado más. Respecto a los vinos, habría que decir que verdejos había muy buenos y tintos repartidos  entre Riberas del Duero y Riojas, cierto que no era necesario pedir un crianza para encontrarlos excelentes, como siempre, se cumplía aquello de que “el vino es bueno porque lo hace la compañía”.

Sus calles, sus soportales, sus plazuelas, todo nos dejaba la impresión de la historia, la historia de una villa conquistada y reconquistada en distintos periodos y vivida su historia en momentos clave del siglo XI, XII, XIV… hasta ser reconocida como Ezcaray y su valle Valdezcaray. Llegó a ser lugar principal a partir del XVIII, gracias a su Real Fábrica de Santa Bárbara, dedicada a la fabricación de paños y sarguetas, ya en el XIX conoció una de las primeras crisis industriales, viniendo a menos la producción de estos paños.
Lugar de turismo de nieves, pues a sólo 14 kms. se encuentra la estación de esquí de Valdezcaray, que le da vida a la población como centro de acogida para el deporte de invierno, es una villa fría en su clima, pero cálida y acogedora en el trato, muy hospitalaria diría yo.

Después de un ligero descanso y dispuestos a conocer otras partes de la geografía abandonamos el lugar, no sin cierta pena porque estábamos seguros que aun nos quedaba mucho por ver y vivir, así que hicimos la firme promesa de encontrar otra “casualidad” para volver.

sábado, 27 de agosto de 2011

BUSCANDO EL VALOR REAL DEL TIEMPO

Hoy, después de mucho tiempo, he conseguido que el tiempo pase durante el tiempo que pasa el tiempo, aunque parezca un juego de palabras, es una realidad envidiable; en mi caso, me paso el día viendo que el tiempo pasa a unas velocidades impropias de la vida, reuniones cada hora, sesiones de trabajo, llamadas de teléfono, comunicaciones vía internet, etc. etc. así la mañana acaba cuando aún no la hemos visto pasar.

Como decía, la serenidad del día me ha llevado a recordar un viaje que hice al norte de la provincia de Córdoba, empecé el viaje en Villanueva de Córdoba, allí las cosas suceden con su tiempo, despacio, cuando uno llega a Villanueva, las personas que uno encuentra dan el tiempo necesario a las cosas.
Se trata de un pueblo blanco, de calles estrechas, donde por las mañanas uno puede pedir una tostada y zumo de naranja en las cafeterías, sin que nadie salga corriendo para intentar que lo tengas en treinta segundos, se toman su tiempo y esto es bueno porque la prisa es contagiosa, provoca ansiedad y no conduce a nada. 

En estas tierras dedicadas a la ganadería principalmente, saben que nada puede modificar el crecimiento de sus animales y que se precisan meses de cuidado para obtener determinados productos del ganado porcino ibérico.

Este pueblo está en la comarca de Los Pedroches y podemos encontrar lugares como Pozo Blanco, Pedroches, Alcaracejos, Belalcázar y otros muchos pueblos similares, que nos van a permitir disfrutar de una gastronomía en la que prevalecen los productos del cerdo ibérico, en la mayor parte de los lugares con el tratamiento más simple que se puede dar a estos manjares, que no reclaman del cocinero especial trato, más que el de pasar por una sartén, una brasa o un buen proceso de “curación” en el caso del jamón o los embutidos.

Es curioso ver que una de las tapas principales que se ofrecen en la zona es la de ancas de rana y entre otras también podemos encontrar “cochifrito”,  flamenquines y lomo de orza.

Aconsejo la visita a Fuente Obejuna, que aunque no lo parezca, se escribe así, con “b”, es una de las primeras sorpresas, después nos encontramos con muchas posibilidades gastronómicas dentro de la urbe, pero tuvimos el acierto de ir a un Restaurante Museo, cerca del más famoso de los restaurantes de Fuente Obejuna, el del Comendador.

Como resumen habría que decir: un viaje para hacer con tranquilidad, para olvidar el reloj dentro de la maleta de viaje, económico, tanto en lo referido al hospedaje como en lo relacionado con la gastronomía, imprescindible tener el estómago preparado para los sabores fuertes del ibérico y aconsejable no arriesgar con los vinos del lugar más allá de los aperitivos, son generalmente amontillados y el resultado es fatal cuando se abusa de ellos; lo mejor de todo, recuperaremos la medida real del tiempo.