martes, 24 de mayo de 2011

SOÑANDO EN ALBARRACÍN

Entre las nostalgias que a uno le aparecen en la vida, se encuentran las de volver a un lugar donde uno ha sido feliz, de paso o viviendo, qué más da, pero uno recuerda de forma idílica paisajes, comidas y experiencias.

El miedo a vernos “desengañados” es lo que en ocasiones nos distancia de volver al lugar, esa duda sobre si se volverán a repetir las buenas experiencias.

Esto me ocurría cuando hace un año tuve que decidir volver a Albarracín (Teruel) o no volver.

La razón para volver era de peso, mi hijo me había pedido conocer esa bonita ciudad, que lo es a pesar de su tamaño, y que históricamente ha sido un lugar relevante en la zona. Mi hijo había visto que aparecía como el pueblo más bonito de España en muchas guías.

Superé todas mis dudas, me puse en marcha e inicié el viaje que, en esta ocasión tenía, además,  como aliciente, la compañía de mi hijo mayor.

Albarracín  fue sede episcopal, tiene Catedral que, como todos sabemos, en Aragón recibe el nombre de SEO y esta es la primera anécdota que quiero contar, pues al llegar a la plaza que da paso a la Catedral encuentra uno un mosaico que dice textualmente “Plaza del aseo”, algún empleado del Ayuntamiento que no tenía muy claro el concepto.

La ciudad es “Monumento Nacional” desde 1961, casualidad, el año de mi nacimiento, solo que yo no recibí ningún título parecido. El nombramiento se debe al valor histórico del conjunto del casco antiguo. La imagen de las calles y edificaciones nos retrotrae a la Edad Media, es como viajar en el tiempo. Recuerdo, además, que en mi anterior viaje coincidí con unas jornadas medievales en las que la ambientación de los comerciantes, te sumergía en el siglo XV.

Para descansar aconsejo las hospederías del casco antiguo, el atractivo de las casas reformadas, el despertar en semejante entorno, es motivador. Todo son facilidades para obtener alojamiento, comprobamos en este viaje que se repetía la amabilidad de los responsables de los establecimientos.

Para comer aconsejo la pequeña “cervecería” de la plaza del Ayuntamiento, en pleno casco antiguo y con una gran variedad de platos relacionados con la gastronomía de la zona, son ágiles y muy agradables.

Mi homenaje a la Oficina de Turismo, que ofrece a todos los visitantes toda la información necesaria sobre la zona y una visita guiada por el casco urbano, que no tiene tráfico habitual, así que es muy cómodo para recorrer.

No nos vayamos de la ciudad sin comprar algunas “viandas” propias de lugar, entre ellas el jamón, a pie de carretera encontraremos algunos comercios que nos lo sirven envasado al vacío, con una excelente calidad y precio adecuado.

Un viaje excelente para disfrutar un fin de semana, siempre mejor acompañado por aquello de que compartir este tipo de experiencias multiplica el resultado. Volver de nuevo no me defraudó, al contrario, generó todavía mejor imagen de la ciudad.

domingo, 15 de mayo de 2011

UNA VISITA ESPECIAL A ALMERIA: CASA PUGA

La vida me conduce muchas veces a pasar por Almería, una provincia que siempre se nos mostró “desértica” a través de esos míticos paisajes utilizados para el rodaje en películas del “lejano Oeste Americano”.

Mi experiencia ha sido maravillosa, a pesar de tropezar con zonas poco pobladas, o de flora escasa, los pueblos y ciudades visitados, incluso la propia capital, me han devuelto enormes satisfacciones.

Aunque dedicaré algún otro artículo para hablar de algunos lugares de especial valor en Almería, hoy quiero centrarme en hacer un homenaje a un peculiar sitio de la ciudad, “Casa Puga”, quiero referirme a él con mucho cariño, porque a pesar de mi anonimato, siempre recibo una atención que parece especial.

Nacida como posada y con origen en los años 1870, hoy sigue en pie, como “ignorando” el paso del tiempo, reservando rincones a sus visitantes, que nos retrotraen a épocas pretéritas de sabor indiscutiblemente cercano.

A poco que uno se funda con el ambiente, le llegan ecos de tardes de radio en las que el “Anís Castellana” patrocinaba los resultados de la quiniela, o días de Lotería de Navidad oyendo cómo los premios pasaban de 25 pesetas la pedrea a los 1.000 Euros actuales y en el aire quedan imágenes en blanco y negro de días en los que la televisión era una ventana incipiente a la vida del resto de España. Se pasean las siluetas de Matías Prats y de tantos otros famosos, por nuestra imaginación cuando vemos fotos que recogían visitas especiales.

Botellas de vinos y licores de bodegas que quizá hoy ni existan se presentan maquilladas del polvo de los años y clasificados, en el caso de los vinos, por añadas, llenan huecos y paredes, con fechas que nos sorprenden al revisarlas.

Su repertorio de tapas nos permite gozar con cada consumición de sabores propios del lugar, ingeniosas combinaciones de fácil y rápida creación.

En el mármol de la barra se sigue apuntando con un lápiz lo que el cliente consume, con esos “algoritmos” que sólo los camareros entienden.

Los vinos frescos se siguen conservando en “cajas de madera con agua”, una costumbre antigua para que se conserven a buena temperatura. Imágenes de hace décadas.

Cuando llegues, no dejes de mirar todos los detalles, no dejes de escuchar su lenguaje, permítete un tiempo para soñar y todo te sabrá al cariño con que ha sido hecho.

Disfrutar de aperitivos, comidas o cenas en este establecimiento es un regalo que uno se debe permitir si está de paso por Almería.

Sergio Morales Parra