Si piensas viajar a Asturias cualquiera de tus amigos te hablará de
hacer excursiones a pié por un paisaje maravilloso e impresionante. Pero si
eres “urbanita”, no estarás acostumbrado al “senderismo” y una
caminata siempre da un poco de respeto.
Para todos los que no tienen costumbre de andar demasiado,
en Asturias, se aconseja esta ruta muy sencillita de hacer, no tiene ninguna
dificultad salvo la de salvar los primeros dos mil metros, por la pronunciada
pendiente.
En total la ruta supone unos doce kilómetros, que se hacen fácilmente
en tres horas, hay que tener en cuenta que, si bien hay unos paisajes
preciosos, la altura es también considerable y no hay protección para las
mismas, es decir, los que padezcan de vértigo pasarán algún momento complicado.
En esta ruta es imprescindible tener en cuenta que, en el
camino, hay que parar para beber y para recuperar fuerzas, pues como he dicho,
en algunos puntos del sendero, el esfuerzo que hay que hacer es notable. Antes
de llegar a Poncebos, en Arenas de Cabrales, hicimos acopio de agua, viandas y
chocolate para poder ingerir alimentos en el camino y que el día fuera más llevadero.
Llegamos a Poncebos en nuestro coche y buscamos un aparcamiento cercano al inicio de la ruta, ojo que hay "tortas" por un hueco para dejar el coche.
Iniciada la ruta y saliendo de Poncebos, aconsejo que los primeros dos mil
metros se realicen con serenidad, pues hay una pendiente muy pronunciada, como
ya he dicho, he visto en esa parte de la caminata a personas que decidían
volverse y no continuar, cuando apenas llevaban treinta y cinco minutos del
trayecto.
En el camino hay rincones marcados, que nos van a permitir
disfrutar de un paisaje maravilloso, unos cortados a lo largo de la corriente
del río, unos recovecos en el camino, cuevas y agua que brota de la propia
montaña.
En definitiva es una ruta totalmente aconsejable con las
precauciones lógicas.
Es imprescindible saber dinamizar el “efecto cebolla”, es
decir, podernos quitar ropa por capas, dependiendo de la época en que viajemos,
porque el calor y el esfuerzo contribuyen a que sudemos. En mi caso, como viajé
en verano, me limité a llevarme un “chubasquero” que me vino muy bien para
evitar las corrientes de aire en determinadas zonas del recorrido. No te olvides
de un calzado apropiado para caminar en el campo y la montaña, yo he
descubierto unas zapatillas especializadas para este fin, mucho más cómodas que
las botas de montaña que he usado en otros casos, perfectas para andar en este
tipo de suelos, con la rigidez justa, impermeables, ligeras y económicas,
fácilmente localizables en establecimientos especializados en deporte. Una
buena mochila es imprescindible siempre, en ella te aconsejo que metas lo que
compres para comer y beber. Si eres un poco precavido, un pequeño botiquín
siempre viene bien. La mochila te valdrá también para ir dejando o tomando,
cuando sea necesario, la ropa que quieras quitarte o ponerte.
En todo el trayecto encontrarás animales, algunos salvajes como las cabras montesas, esos animales parecen pacíficos pero mejor no jugar con ellos en el camino: Provocarlos puede suponer un problema si deciden empujarnos al precipicio.
Que los habitantes de esta localidad me perdonen, pero Caín me pareció más un “asentamiento”
que un pueblo. En nuestro caso, cuando llegamos nos enteramos que había un microbús que saldría
sobre las 16.30 h. con destino a nuestro origen, Poncebos. Hay que estar
atentos porque, en el mejor de los casos, ponen dos microbuses para volver,
unas cincuenta plazas, algo escaso viendo la cantidad de personas que se
mueven en esta ruta.
La vuelta en microbús resultó tan larga como la caminata a
pie, tiene su sentido, porque no hay carretera que cruce esa zona de Los Picos.
El viaje en autobús lo calificaría como “no apto” para aquellos que se marean
en las curvas, de las que hablaríamos de centenares en el trayecto.
Una visita aconsejable, una ruta de senderismo perfecta para
tener contacto directo con la naturaleza.