En mi visita a Andalucía en estos días, he
tenido la ocasión de ver la ciudad de Cádiz, algo curioso dado que yo nací en esa provincia
y con cincuenta años era la primera vez que la visitaba, todo gracias a la
perseverancia de esposa.
A la llegada lo primera que sorprende a los que
no conocemos esta ilustre ciudad es que hay agua a los dos lados. Su entrada es
directa a la ciudad moderna y, como escondida, detrás de la ciudad moderna, de
calles asfaltadas y edificios grandes, aparece una maravillosa ciudad de Cádiz,
con sus barrios de pescadores, como la Viña, su playa de La Caleta, su Pópulo,
sus patios y sus calles “añejas”, todo huele a principios del XIX, a la época
de “La Pepa”, un clamor popular se siente en las calles:
“Con las bombas que tiran los fanfarrones
Se hacen las gaditanas tirabuzones…”
La oficina de Turismo ofrece una información muy
detallada de todo lo que podemos encontrar, desde las rutas que tienen que ver
con la Constitución de 1812, hasta otros aspectos históricos de la ciudad.
Una plaza impresionante para ver, la que nos
abre la vista a la Catedral de Cádiz, una visión llena de vida, en la que
siempre hay cantantes espontáneos que llenan la plaza de sonido y duende.
Degustar unas exquisitas tapas en el barrio de
la Viña no es difícil, Casa de La Manteca o El Nono son excelentes lugares para
disfrutar de pescado y vinos de la zona, probar platos nuevos como "las ortiguillas" que son unas algas cocinadas como albondiguillas. Estoy seguro que en el paseo por este
barrio habrá un momento en que podrá sorprenderle una chirigota, yo tuve la
suerte de encontrarme a “Los Molinas” cuatro gaditanos con todo el arte del
mundo reunidos en un local que no tenía más de 40 metros cuadrados dando un
espectáculo a cualquiera que quisiera oírlos.
El mar, que baña Cádiz, nos evoca sueños de
marinero, vueltas al reencuentro con la ciudad y amores apasionados que se
escapan como el tiempo porque el barco no espera y nuevamente hay que reencontrarse
con la mar, una amante siempre insatisfecha, para la que el tiempo siempre es
escaso y ni siquiera la entrega de la vida le satisface, la mar…
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