Hace
unos días he visitado Santo Domingo de Silos, un precioso pueblo de la
provincia de Burgos. Si alguien me pidiera una definición sería la de “lugar
tranquilo”.
En
Santo Domingo se aprecia la belleza del silencio, la serenidad del lugar está
acompañada, sin duda, por el ambiente de
recogimiento que hay en el Monasterio que es la piedra que preside el lugar.
El
Monasterio Benedictino de Santo Domingo
impregna de un halo sobrenatural, todo lo que rodea Santo Domingo. Esa es la sensación que me quedó apenas
llegué al pueblo.
El
olor a tierra húmeda, combinado con el que desprenden las chimeneas de los
hogares, hace que el frío se convierta en algo imprescindible, complementario.
En
plena primavera he sentido el frío de uno y dos grados, acompañado de un paisaje
verde y húmedo, regado por el río Arlanza.
Comer
en Santo Domingo de Silos es también un lujo, escogí para algunos momentos el
restaurante del Hotel Tres Coronas, en la plaza del pueblo. Su lechazo es digno
de dedicarle una comida. Sus vinos, los propios de la Ribera de Duelo, crianzas de
nombre y añada y su personal de excelente formación en la atención al público y
tuve ocasión de comprobarlo una de las noches, llegando bastante tarde a cenar
y encontrando una hospitalidad propia de primera hora de la noche.
Para
descansar escogí el Hotel Silos 2000, del que he de decir que es destacable su
relación calidad precio, la limpieza de sus instalaciones, bastante modernas
por cierto. Me engañó en la publicidad que, en internet, encontré del hotel la definición de
su localización, porque, daba la impresión de encontrarse lejos del Monasterio
y del pueblo, cuando realmente saliendo del hotel, lo primero que se encuentra
uno es la muralla del propio Monasterio y las primeras casas del pueblo. El Hotel no
dista cinco minutos de la plaza central
de Santo Domingo, andando.
En
el restaurante del Hotel Silos 2000, donde también aprovechamos para comer
algún día, son excepcionales las chuletillas de cabrito y el guiso de lechazo,
de excelente elaboración. César, que así se llama el responsable del hotel
restaurante, tiene soluciones para todo y en algún momento puede servirte la
mejor cecina del lugar y una jamón que sin ser ibérico, tiene un excelente paso
por bodega con un “curado” que imagino correspondía a las sierras y montañas de
la zona. El vino que ofrece este restaurante suele ser un respetuoso jovenRibera del Arlanza, un vino que nos sorprendió, porque sus aromas son algo más
suaves que los de Ribera del Duero.
Como
resumen, esta es una visita obligada a
la tranquilidad.


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