“Sentado en una roca, con los pies en el agua y acariciado por las olas, he pasado los primeros minutos de la mañana. El sol se ha querido esconder, aunque el día no hace más que empujarlo para que salga y se muestre con todo su esplendor; sin embargo en esta parte de la costa gallega se nos hace difícil verlo aparecer por las mañanas, se deja ver ya entrado el día; al contrario de lo que sucede en nuestro mar Mediterráneo, en el que lo vemos triunfante emerger en medio del mar, aquí, en estas playas celtas, aparece por la espalda, como “a traición”.No hay ruidos, solo sonidos, casi musicales. En el hotel, del que he salido porque tengo llaves, no hay nadie levantado aun, así que toda la naturaleza se muestra dueña y señora, nadie invade su intimidad matutina, salvo yo con mis pensamientos y algún que otro mariscador, cuya silueta se dibuja en un horizonte grisáceo, confundida con los salientes de los pequeños acantilados cercanos.”
Estos párrafos son notas sacadas de mi diario de viaje, el día que me despedía de la Playa de Broña en Outes. Llegué por casualidad a esta playa, de la ría de Muros y Noia, atraído por lo descrito en distintos artículos y resultó verdad, que era un lugar poco visitado y por lo tanto remanso de paz.
Como es característico de estas tierras, el verde de plantas y árboles llega a fundirse con el “rubio” de la arena de la playa, sensaciones extrañas para los que somos levantinos que, en pocas ocasiones vemos este contraste.He disfrutado en este lugar de las mejores almejas, simplemente pasadas por la plancha y regadas con un “delicado” albariño y de un pulpo a la plancha, cuyos valores como manjar son poco prodigados, pero que aseguro, al menos para mi gusto, está muy por encima del tan “manoseado” en las cartas de la zona, pulpo a la gallega. Navajas, almejas al natural y tortilla de patatas son especialmente dignas de tener en cuenta cuando se visitan poblaciones como El Freixo, Noia ó Porto do Son.
No podrán viajar de vuelta sin traerse un poco de “morriña”. Mi consejo es que vayan a Galicia prevenidos, saldrán enamorados de su tierra y de sus gentes, necesitados de volver y motivados para pasar un año trabajando y conseguir una semanita para entregarse a esta Galicia incomparable, llena de sabor a mar y olor a sal.

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